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  Nuevo documento de Pastoral Penitenciaria Argentina 26-09-2017 12:37 (UTC)
   
 
06/09/2005  Nuevo documento de Pastoral Penitenciaria Argentina

Interpelados por la violencia desencadenada en nuestras cárceles en estos últimos tiempos -y con la convicción de que se tiene que dar un cambio en el Sistema Penitenciario de manera urgente- la Pastoral Penitenciaria estimó importante hacer oír su voz a través de este documento.

Cárceles Inadmisibles

"El encarcelado tiene derecho a ser considerado una persona. Lejos de permanecer abstracta, esa consideración debe animar la política y el derecho, las instituciones sociales de prevención y las reglas carceleras, la intervención en las cárceles de los organismos de la sociedad civil. Desgraciadamente, en el mundo se verifican situaciones de encarcelamiento y modalidades de detención, incluso previas al juicio, que no incluyen aún la tutela más elemental de los derechos de la persona" .

 Los años 2004 y 2005 nos ha golpeado con los graves hechos ocurridos en la Cárcel de Mendoza, que provocó la intervención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; el grave motín del día 10 de febrero en la Cárcel de Córdoba con muertos tanto de encarcelados como de personal de seguridad; la muerte de 15 encarcelados los días 10, 11 y 12 de abril en la cárcel de Coronda, provincia de Santa Fe; los 350 muertos, casi uno por día, que contabilizó el Servicio Penitenciario bonaerense en el año 2004 y tantas otras situaciones de violencias a encarcelados, sus familiares y agentes de seguridad ocurridas en Argentina.

 Estos hechos no son ajenos a la política carcelaria de los últimos años, implementada por los sucesivos gobiernos nacionales y provinciales en todo nuestro territorio nacional. Sus prácticas han llevado a la crisis y a la violencia dentro de penales y comisarías, que se cobrará aún una mayor cantidad de muertos y heridos si no se produce rápidamente una respuesta cristiana. Esas rutinas conducen al desentendimiento de la Sociedad que ve ya como normal y cotidiano las vejaciones y la pelea y muerte entre los encarcelados, pues impermeabiliza su sensibilidad hacia la dignidad humana y le imposibilita generar o reclamar un cambio a la clase dirigente. Sin embargo, no será a través de la violencia, de los juegos de poder o del oportunismo político, sino mediante la verdad sobre el hombre que la Sociedad encontrará el camino hacia un futuro de paz .

 Como cristianos no podemos cruzarnos de brazos ni permanecer en silencio, ya que ello nos transformaría en cómplices por omisión de estas muertes y de las futuras que se producirán si no se modifican las causas profundas que motivan estas tragedias. Los cristianos católicos creemos en Dios, el Dios de Jesús y por ello, creemos también en la naturaleza divina del hombre, así como que somos co-creadores y parte del plan divino de salvación. Si no creemos en el hombre no somos de Jesús; porque Jesús, precisamente, se hizo hombre porque creyó en el hombre. La imagen de Dios está siempre presente en el Carcelado tal como lo define en el Evangelio de San Mateo capítulo 25 versículo 36 cuando nos dice que al visitar y preocuparnos por el encar-celado nos estamos preocupando por El. Jesús señala la humanidad que hay en cada encarcelado y que todos tenemos la misma capacidad de hacer el bien si se nos coloca en situación de hacer el bien .

 Como Pastoral Penitenciaria de la Iglesia Católica tenemos confianza en el hombre, porque creemos que Dios se hizo hombre, amó al hombre hasta hacerse un carcelado y morir por él, y lo recreó por dentro en Jesucristo resucitado . Tras esos pasos, en la Pastoral Penitenciaria bendecimos a quienes nos persiguen o nos dañan, nos alegramos con los que se alegran, lloramos con los que lloran y tenemos un mismo sentir para los libres y para los encarcelados . Creemos que en cada ser humano subsiste la imagen y semejanza divina, aunque esté ensombrecida y hasta escarnecida , y que ella es fundamento de su dignidad siempre vigente , que lo hace merecedor de nuestra dedicación en pos de su inserción en la Comunidad y su verdadero bien.

 Siendo tan substancial, no es posible limitar la acción de la Pastoral Penitenciaria a las intervenciones de emergencia . Es necesaria la acción de la Iglesia toda para que los marginados de nuestra Carcelación no se constituyan permanentemente en ciudadanos de segunda clase, puesto que también en ellos anidan legítimas aspiraciones sociales y espirituales . Por más despreciables que los considere la Sociedad, tienen en sí una nobleza inviolable que la Iglesia debe respetar y la Pastoral Penitenciaria hacer respetar sin condiciones . La Evangelización, actividad esencial y misión propia de la Iglesia , no es completa si no tiene en cuenta la interpelación re-cíproca que se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre carcelado .

 El tema de las cárceles es de causas profundas y requiere una continuidad y compromiso permanente de todos los miembros de la Iglesia . Tenemos que construir lugares que sean como maternidades donde los que no han podido nacer, por las carencias que sufrieron desde la gestación, puedan por fin nacer a una vida nueva, de esperanza, de fe y de amor: a la Vida de Dios. Si entendemos la carcelación inevitable, hagamos lugares donde un preso pueda tener iniciativas constructivas y donde puedan ser útiles a su familia y a la sociedad que dañaron con su delito, si es que lo han cometido. Daños que han sido causados previamente por nuestra discriminación exclusión y ante lo que ellos se sienten impotentes y sin la posibilidad de poder repararlos.

 La Convención Americana por los Derechos Humanos y la Convención Americana con-tra la Tortura, en armonía con nuestra Constitución Nacional, condenan la tortura o trato cruel, inhumano o degradante. Ni siquiera aceptan al dolor injusto aunque sea consecuencia de la aplicación de una medida legal. Ellas no autorizan las condiciones actuales de nuestras cárceles. El art. 18 de la Constitución Nacional Argentina exige cárceles sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los alojados en ellas, y dispone que toda medida que conduzca a mortificar a los encarcelados más allá de lo que la seguridad exija hará responsable al funcionario, político, juez, legislador o administrador, que la autorice. Sin embargo, nuestras cárceles no son sanas ni lim-pias ni seguras. Es público y notorio el hacinamiento y las condiciones insalubres en que viven los encarcelados en cárceles, comisarías, alcaidías y otros lugares de detención donde también se encuentran niños, adolescentes y mujeres. Respecto a la seguridad, es debida tanto a la Sociedad como a los encarcelados, que también tienen derecho a ella. Un solo vejamen, un solo contagio de enfermedad o adicción, una sola muerte violenta basta para violar la seguridad debida y para probar que nuestras cárceles son inconstitucionales, esto es, ilegales. La ley envía seres humanos a sitios fuera de la ley, pese a que tan grave como estar ilegalmente encarcelado es estar encarcelado en situación ilegal . Y esto es responsabilidad de todos.

 Ninguna ofensa a la dignidad humana puede ser ignorada, cualquiera sea su origen, su modalidad o el lugar en que sucede . Es imprescindible trabajar intensamente por los derechos humanos y el respeto a la dignidad de las personas carceladas, más allá que su situación responda al cumplimiento de condena por delito o a su proceso penal. Y como parte de ese construir, hacer y proponer, consideramos necesario informar las violaciones a la dignidad del hombre y denunciar el incumplimiento de la Constitución Nacional y los tratados internacionales ante quien corresponda, aunque ello nos acarree persecuciones y conflictos .

 Además y en todo momento y circunstancia, queremos trabajar para transformar, con la fuerza del Evangelio, los criterios de juicio, los valores determinantes, las líneas de pensamiento y las prácticas carcelarias que sustentan las Instituciones, que están en contraste con la Palabra de Dios y con su designio de salvación del Pueblo de la Carcelación . Esta opción y compromiso solidario requiere de la conversión de todos para consolidarse. Al desafío que nos impone la realidad queremos responder con la construcción de la Civilización del Amor que es hoy, más que nunca, una elección necesaria y, también, posible. iaria Argentina
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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